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Mostrando entradas de enero, 2008

Día 19

Iba a escribir grandes líneas hoy. Pero estoy escuchando música. Tomo la guitarra y el mundo se detiene. Por suerte.

Día 18

Llegué de mi sesión de terapia más apaleado que de costumbre. Alcancé a dejar el morral sobre una silla y saludé en voz alta a los gatos, que estos días de calor se dejan ver poco pero sé que están. Tenía ganas de tocar la guitarra, de componer, de agarrar el piano, de hacer algo que me hiciera sentir especial por unos instantes; tenía ganas de ponerme en contacto con mi lado brillante. Entonces vi que titilaba la lucecita roja del contestador y, mientras mi dedo pulsaba el botón para escuchar el mensaje nuevo, yo pensé en la voz de Horacio, llamándome desde la oficina para decirme que las últimas correcciones que subí esta tarde al FTP no se podían abrir, que estaban mal, o que estaban bien pero me mandaba más y estas sí eran urgentesparayamismo, o... No sé qué más llegué a pensar. La voz de una chica (rubia, lo puedo asegurar) dio por tierra con todo: me llamaba para concertar una entrevista laboral... para Infobae. No sé qué sentir. Mañana llamaré, pero hoy me siento en condicione…

Día 17

El vecino está tocando el piano. Y lo hace bastante bien, además. Quisiera poder imitarlo y es por eso que me pongo a escribir. Usamos teclados diferentes pero hacemos lo mismo, mis dedos sobre teclas cuadradas de plástico negro con letritas blancas; los suyos, sobre teclas oblongas, de marfil, mayormente blancas, acompañadas por algunas negras cada tanto.
Él habrá llegado de su trabajo (ignoro a qué se dedica) y estará dejándose lavar por la música; yo, sin llegar de ningún lado (oh, placentero infierno de trabajar en casa), quisiera ponerme a escribir algo sustancioso, algo que me llenase. Y no me sale.
Él toca "My Way". Yo no logro despegar. Y no es que "My Way" me parezca inalcanzable, no. Pero me parece que dejaré todo esto y saldré a sacar la basura. Va a ser mejor, sí.