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Mostrando entradas de 2007

Día 16

Harto de corregir y hastiado de ser perseguido por las agujas del reloj, puse pausa y me fui a pasear por blogs amigos.
Amén de descubrir que G. tiene uno nuevo, con un montón de participantes (entre los cuales no estoy, claro) y de notar que sale mucho con gente, y va a comer a casas de amigos (otros amigos) y cosas así, también leí un post muy lindo, muy de 7 de la tarde de un día blanco, en el que, abrigada, arropaba su delirio con palabras. Y la envidié un poco, como casi siempre. Y me gustó. Y decidí que intentaría aplicar ese mismo método a este día marrón, apurado, exigido, agrietado. Entre tantas cosas que "uh, después arreglo", entre tantos platos de anoche sin lavar y la alfombra llena de pelos, entre la tarde que se me viene encima y trae el peso de todo diciembre, entre toda la gente que está esperando cosas de mí, entre todo eso hallaré la materia prima de este texto. Un texto díscolo, que corcovea y no se deja dirigir; un texto chúcaro y cimarrón; en fin, un mo…

Día 15

Anoche hice otra suplencia en el diario.
Nuevamente me tocó cubrir a Sebas; una vez más me sumergí, entre humo y café, en esa redacción que tanto me gusta. Porque el diario tiene algo que no se puede hallar en mi aséptico trabajo de todos los días, tiene mística, tiene vida, respira y late y hay que negociar con él. No se puede corregir nada así sin más; hay que ponerse de acuerdo antes. Cada artículo tiene razón de ser; cada volanta, copete o epígrafe, lo mismo. La realidad muerde y, en esa carrera vertiginosa contra el tiempo, me siento valiente tratando de domar un texto salvaje, duro, incómodo e inmediato, y constantemente pienso en Roberto Arlt en la redacción de El Mundo y lo siento un poco compañero mío.
Pero no quisiera irme sin dejar constancia de mi mayor triunfo de anoche (a fin de cuentas, la razón por la que abrí esta ventanita y empecé a escribir):
Según contó su esposa, Sandra Cozzo, a los periodistas en la puerta del sanatorio Fleni de Belgrano, Rivas "mueve los músc…

Día 14

No sé qué puede depararme el futuro pero intuyo, tras la reveladora charla de anoche con José y la mañana fatídica que viví hoy con An, que puede ponerse bueno (literariamente hablando). Las letras van a salvarme una vez más. O no, pero moriremos, ellas y yo, intentándolo.

Día 12

Estoy en la oficina. Hay trabajo por hacer pero no es tanto y, siendo rondado por un indescriptible malestar, me quedo paralizado. O no, pero casi.
Me preocupa que aún no hayamos solucionado el tema de mi continuidad laboral. No es grave y sé que llegaremos a un acuerdo pero, mientras tanto, eso contamina algo que nunca debió haberse manchado. Y repercute en mi productividad, en la cantidad de palabras leídas por minuto, en mi relación con las letras en general y en la eterna pelea entre mi concentración y mis ganas de irme a dar vueltas por el microcentro lluvioso.
Sin ningún sentido, además.
Pero acaba de llamarme al celular la mamá de mi novia. Quería preguntarme qué tipo de letra es la bastardilla y, al pensar en mí para evacuar esa duda, me dio unos minutos más de entereza. El corrector resiste.

Día 11

Once días, ya; once días y ningún párrafo rescatable.
Supongo que este proyecto va a funcionar en algún momento. Tiene que funcionar: es mi última esperanza. O no, no sé si la última, pero sí la única. Por ahora, al menos.
Pero me siento tan poco escritor últimamente. Sé que tengo la capacidad de escribir y soy consciente de que lo hago más o menos bien, con buen gusto y, cada tanto, algún hallazgo, algún momento brillante. Las palabras me divierten, me llevo bien con ellas y me gusta jugar a enhebrarlas como un artesano. El problema es otro.
Creo que el corrector está ganándole al escritor. Espero que sea algo momentáneo, pero la verdad es que no puedo evitar la mirada crítica, no puedo sortear ese don espantoso que me obliga a ver los defectos en cada cosa escrita. (Anoche, sin ir más lejos, me indigné leyendo una caja de filtros Melitta.) Y no estoy seguro, pero se me ocurre que eso debe cargarme de miedo, de muerte (son la misma cosa), de respeto por las palabras, de rigidez. Ahora q…

Día 10

Es imposible. Me acuerdo de Los Imposibles, es imposible, yo soy imposible, todo es imposible. Pucha que soy duro. No hay manera de plantearme algo y llevarlo a cabo, no puedo esperar nada de mí. Mi deseo más largo duró 2 minutos, mi fuerza de voluntad apenas sobrepasa los 20 gramos, no puedo escribir ni aun queriendo hacerlo (sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando). No soy un escritor respetable, ni responsable, ni siquiera tolerable. No soy decente ni respetuoso ni tenaz.
¿Cómo se puede no ser nada?

Día 9

No me importa ser repetitivo: en mi cabeza hay apenas dos o tres conceptos, matándose por un poco de atención. Tampoco me importa clarificarlos. Ni escribirlos.
Algo de lo que estoy seguro es que mi trabajo actual es el mejor del mundo. Es lo que siempre quise hacer y, tras una caterva de ocupaciones infames, un periodo dilatadísimo en la fábrica y el atisbo del diario, me enorgullece haberlo obtenido. Y tengo la secreta convicción de que soy bueno en lo que hago, que lo haré durante mucho tiempo y me llenaré de reconocimiento, prestigio, seguridad y dinero. Hoy, por lo menos, estoy seguro de eso.
El problema del corrector es que debe ser infalible. Los textos pueden haber sido redactados por un manatí y entregados en cualquier orden; las traductoras, ostentar un notorio desconocimiento del idioma español sumado a la carencia absoluta de criterio y los diseñadores, oh, ellos: son incapaces de resolver nada (y está prohibido tocar las cajas de texto, porque son su obra magna y, como tal,…

Día 8

Anoche tocamos.
El público no era muy bueno, aunque había un grupito de chicas haciendo tumulto en una mesa y unas cuantas personas cerca del escenario, moviéndose. Andrea se aburrió un poco, pero le gustó; Ale manifestó haberse sentido tocado; Analía nos calificó con un 8.50... Estuvo bien. Y lo que menos me sentí fue escritor.
Estoy en rock mood. Qué lástima.

Día 7

Tengo muchas cosas que hacer.
Entre las que se relacionan con escribir puedo mencionar: a) carta y mail a Ceci; b) carta y mail a Ana; c) mail a Mara; d) artículo para Comiqueando; e) artículo para Sudestada; f) artículo para La secta violeta; g) resurrección de blogs anteriores; h) todo.
Tengo muchas cosas que hacer. Caliento un café y me decido por todo aquello que no está en la lista.

Día 6

No voy a excusarme. Sólo diré que esperaba que esto fuera distinto y que, si empiezo tan pronto a incumplir la única premisa que me impuse (tan sencilla como "escribir, no importa qué, mientras sea todos los días"), no sé dónde puede terminar todo.
Ayer hablé con Natacha. Le conté de esta música de ascensores y me dijo, sonriendo mucho, que le parecía una gran idea. Eso me hizo sentir bien y pensar que estoy en el camino correcto. Sí, eso: I'm on the right way. Sólo tengo que disciplinarme. No será fácil (te conozco, Juan), pero lo haré. Sé que sí. Y espero que esto tome vuelo pronto, porque los blogs autobiográficos son lo menos (cuando no se posee una vida memorable).
Mi única certeza que aún me gusta la forma que tengo de enhebrar palabras.

Día 4

Recién, lavando los platos, le hablé a An de este blog. No detallé nombre ni domicilio pero, a cambio, le regalé una inflamada exposición de mis ideas, esperanzas y deseos; me asustó descubrir lo mucho que espero de esta

No tiene sentido. Estoy varado en esa frase. No tiene sentido: la descarto, y a otra cosa. Descarto todo, ya que estoy, si lo único que cuenta es sentirme cómodo con todas estas palabras traicioneras rondándome. Y no es nada fácil. Al tacto resultan ásperas y es imposible manipularlas sin sangrar. Parece que esta noche no va a salirme nada.
Mejor me voy.
(La histoire de ma vie.)

Día 3

Estimada:

No te merezco. Mi vida está siendo un caos, estoy muy cansado y algo enfermo y ya no veo a nadie, ni a An, ni a mí mismo. Hace mucho que no escribo, casi no leo y perdí el don básico necesario para redactar un mail. Ni eso, mirá.
No es fácil trabajar con letritas durante 8 horas diarias. No es ese el único motivo, lo sé, pero sí la única explicación que tengo.
Pero pienso mucho en vos. No sé si sirva, pero lo hago. Y te quiero mucho.
Las buenas ya van a venir, sólo hace falta que pare un minuto y me fije qué llevo en los bolsillos.
Gracias por estar alrededor.

J.

Día 1

Aviso a quien llegue: este blog no pretende absolutamente nada. No hace falta que lea, comente ni se quede. Nadie controlará sus visitas (en este caso, Statcounter no es mi amigo). Haga lo que quiera hacer o siga con su camino. Y, si decide quedarse, sepa que pocas veces será tenido en cuenta: este es apenas un lugar para ejercitarme, un campo de pruebas devastado en el que intentaré recuperar al escritor que alguna vez nadó dentro de mí y que se ahogó, creo, en pos de placeres y estabilidad. Con la conformidad llegó el vacío y la falta de preguntas para hacerme; y sin preguntas no hay respuestas, se sabe. Y no quiero eso.
Ante el riesgo de convertirme en un burgués satisfecho en bata y pantuflas, elijo gritar. Los motivos llegarán después. Ya llegarán.
Si alguien quiere presenciar el proceso que me llevará de ser Gregor Samsa a volverme cucaracha otra vez, bienvenido sea.